La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Muy al contrario del Rey, que preferÃa deber su salvación a todo, incluso a la revolución, más bien que al extranjero, la Reina preferÃa esto último a todo lo demás.
Preciso es decirlo: lo que nosotros los franceses llamamos extranjero, era para la Reina la familia. ¿Cómo hubiera podido esta comparar aquel pueblo que mataba a sus soldados; aquellas mujeres que iban a insultarla después, en los patios de Versalles; aquellos hombres que trataban de asesinarla en sus habitaciones; aquella multitud que la llamaba la AustrÃaca… cómo comparar todo esto con los reyes a quienes pedÃa socorro, José II, su hermano, Fernando I, su cuñado, y Carlos IV su primo hermano por parte del Rey, del que era más próximo pariente que Luis XVI de los Orleáns o de los Condé?
La Reina no veÃa, pues, en aquella fuga que preparaba el crimen de que fue acusada después, sino el único medio, por el contrario, para mantener la dignidad real; y en aquel regreso a mano armada que esperaba realizar, la única expiación que correspondÃa a los insultos recibidos.
Hemos dado a conocer lo que pasaba en el corazón del Rey; él desconfiaba de los soberanos y de los PrÃncipes y no pertenecÃa en modo alguno a la Reina, como muchos lo han creÃdo, aunque fuese alemán por su madre; pero verdad es que los alemanes no consideran como tales a los austrÃacos.