La Condesa de Charny

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La Asamblea, como hemos visto, se había declarado inseparable del Rey.

Mientras que se preparaba la sala del Picadero, que se le había destinado, había elegido la sala del Arzobispado para celebrar sus sesiones.

Allí había cambiado, por un decreto, el título de Rey de Francia y de Navarra por el de Rey de los franceses.

Había escrito las fórmulas reales: «De nuestra ciencia cierta y de nuestro pleno poder…», sustituyéndola con esta: «Luis, por la gracia de Dios y por la ley constitucional del Estado…».

Lo cual probaba que la Asamblea nacional, como todas las asambleas parlamentarias, de la que es hija o abuela, se ocupaba a menudo de cosas fútiles, cuando debía cuidarse de otras serias. Así por ejemplo, hubiera debido preocuparse de alimentar a París, que se moría realmente de hambre.

La vuelta de Versalles y la instalación del Panadero, de la Panadera y el Mozo de la tahona en las Tullerías, no habían producido el efecto que se esperaba.

La harina y el pan seguían faltando siempre.

Todos los días se formaban grupos en las puertas de las tahonas y ocasionaban grandes desórdenes; pero ¿cómo remediar aquellas reuniones tumultuosas?

El derecho de formarlas estaba consagrado por la Declaración de los derechos del hombre.


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