La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Ah!, es muy fácil. Mirad; la guarda de la llave engancha perfectamente en el diente mayor que describe bien la mitad de su cÃrculo, pero después, como no está cortada en bisel, no escapa por sà sola, y aquà se halla la dificultad…
Luis XVI y el aprendiz se miraban, como maravillados de la ciencia de Gamain.
—Pues la cosa es muy sencilla —dijo el maestro estimulado por esta admiración tácita—, y yo no comprendo cómo lo habéis olvidado. Es preciso, señor, que hayáis pensado, desde que dejasteis de verme, en una infinidad de cosas frÃvolas que os han hecho perder la memoria. Hay tres dientes, uno grande y dos pequeños, uno de cinco lÃneas y dos de dos… ¿no es asÃ?
—Ciertamente —contestó el Rey, siguiendo con interés le demostración de Gamain.
—Pues bien, apenas la llave haya soltado el diente mayor, es preciso que pueda abrir el pestillo que acaba de cerrar, ¿no es verdad?
—Sà —dijo el Rey.
—Entonces será necesario que pueda enganchar en sentido inverso el segundo diente en el momento de soltar el primero.
—¡Ah!, sà —dijo el Rey.