La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y vos también, hermana mÃa —contestó el Rey.
—Yo más que nadie, querido Luis, porque os amo más que todos, y estoy inquieta.
—Hasta añadà —se aventuró a decir Isidoro—, que yo habÃa vuelto por la Plaza Real, y que me detuve cerca de una hora en el número 21.
—¿En el número 21? —preguntó el Rey—. Pero ¿qué hay en esa casa?
—Allà vive —replicó el Barón—, un hombre muy fiel a Vuestra Majestad, como todos nosotros, dispuesto a morir por su Rey, como nosotros también, pero que, más activo, ha combinado un proyecto.
—¿Cuál? —preguntó Luis XVI levantando la cabeza.
—Si creyese tener la desgracia de incurrir en el desagrado de Vuestra Majestad repitiendo lo que sé de ese proyecto, me callarÃa al punto.
—No, nada de eso, caballero —dijo vivamente la Reina—, hablad. Bastantes personas hay que forman proyectos contra nosotros, y bueno es que al menos conozcamos los que se fraguan en nuestro favor, a fin de que, perdonando a nuestros adversarios, demostremos agradecimiento a nuestros amigos. Señor Barón, decidnos cómo se llama ese caballero.
—Es el marqués de Favras, señora.