La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ya se comprenderá que después de semejante incidente, era natural que la reunión se interrumpiese.
Aunque nadie pudiera darse cuenta de las causas que habían producido el desmayo de la Reina, el hecho existía.
Al ver el dibujo de Gilberto, corregido por el Rey, la Reina exhaló un grito y cayó sin sentido.
Este era, por lo menos, el rumor que circuló en los grupos, y todos cuantos no eran de la familia, o por lo menos amigos íntimos, se retiraron.
Gilberto prestó los primeros auxilios a la Reina.
La princesa de Lamballe no había querido que la transportasen a sus habitaciones, lo cual hubiera sido además difícil, porque estando el pabellón de Flora lejos del pabellón de Marsan, es decir, al otro extremo del palacio, se había de atravesar mucha distancia.
En su consecuencia, la augusta enferma fue depositada en una silla de tijera en la alcoba de la princesa, la cual, con esa intuición particular de las mujeres, habiendo adivinado que en aquel incidente se ocultaba algún sombrío misterio, alejó a todo el mundo, incluso al Rey, permaneciendo junto a la silla con la mirada inquieta, esperando a que, gracias a los cuidados del doctor Gilberto, la Reina recobrase el sentido.
