La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El mismo día, a la una de la tarde, el escribano del Châtelet bajó con cuatro hombres armados al calabozo del señor de Favras, y anuncióle que iba a comparecer ante sus jueces.
Durante la noche, Cagliostro había notificado al Marqués esta circunstancia, y a eso de las nueve de la mañana fue avisado por el subdirector del Châtelet.
La información general del proceso había comenzado a las nueve y media de la mañana, y aún duraba a las tres de la tarde.
Desde las nueve de la mañana, la sala estaba llena de curiosos, que se habían reunido para ver al que debía ser condenado.
Y decimos condenado, porque nadie dudaba que lo fuera.
En las conspiraciones políticas se hallan esos infelices que están predestinados de antemano; se comprende que es necesaria una víctima expiatoria, y que están fatalmente designados para serlo.
Cuarenta jefes se habían alineado en circulo alrededor de la gran mesa; el presidente bajo un dosel, a su espalda un cuadro que representaba a Jesús crucificado, y en la otra extremidad de la sala, el retrato del Rey.
