La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pitou estaba muy admirado de poder servir de alguna cosa al doctor Raynal; pero mucho más se hubiera extrañado si este le hubiera dicho que más bien necesitaba de él un auxilio moral, y no físico, en favor de la enferma.
En efecto, el doctor había notado que en su delirio, Catalina unía siempre el nombre de Pitou con el de Isidoro.
Se recordará que estas eran las dos únicas figuras que debieron quedar impresas en el pensamiento de la joven: la de Isidoro al cerrar los ojos, y la de Pitou al abrirlos de nuevo.
Sin embargo, como la enferma no pronunciaba estos dos nombres con el mismo acento, y atendido que el doctor Raynal —no menos observador que su ilustre homónimo el autor de la Historia filosófica de las Indias— se había dicho muy pronto que de estos dos nombres, pronunciados por la joven con un acento diferente, el de Ángel Pitou debía ser el amigo y el de Isidoro de Charny el del amante, no vio ningún inconveniente, sino más bien una ventaja, en introducir a presencia de la enferma un amigo con quien pudiera hablar de su amante.
