La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Pues entonces, muchas gracias!
—Iré… seguramente que sÃ, y desde mañana mismo…
—Mañana es demasiado tarde, apreciable Pitou, y convendrÃa ir ya hoy.
—Pues bien, señorita, ¡sea!, iré esta mañana… ahora mismo…
—¡Qué buen muchacho eres, Pitou —dijo Catalina—, y cuánto te amo!
—¡Oh!, señorita Catalina —dijo el joven—, no me digáis esas cosas, porque me harÃais perder la cabeza.
—¿Ahora qué hora es Pitou?
Este último se acercó al reloj de la joven, pendiente de la chimenea.
—Las cinco y media de la mañana, señorita —contestó el joven.
—Pues bien, mi buen amigo Pitou…
—Decid, señorita.
—Tal vez serÃa ya tiempo.
—¿De ir a casa de la madre Colomba?… A vuestras órdenes, señorita; pero deberÃais tomar un poco de la poción, pues el doctor recomendó una cucharada cada media hora.