La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo LIII

Aquella visita del doctor Raynal era la más oportuna para facilitar la salida de Pitou.

El doctor se acercó a la enferma, no sin echar de ver el notable cambio que se había efectuado en ella desde la víspera.

Catalina sonrió al doctor, presentándole su brazo.

—¡Oh! —dijo el señor Raynal—, si no fuera por el placer de tocar vuestra linda mano, apreciable Catalina, ni siquiera consultaría el pulso. Apuesto a que no tenéis más de sesenta y cinco pulsaciones por minuto.

—Es verdad que estoy mucho más aliviada, señor doctor, y que vuestras recetas me han probado perfectamente.

—¡Mis recetas!… ¡Hum, hum! —murmuró el doctor—; comprenderéis que quisiera que fuese así, hija mía, para tener todos los honores de la convalecencia; mas por vanidoso que yo sea, dejo una parte de este honor a mi discípulo Pitou.

Después, levantando los ojos al cielo, añadió:

—¡Oh, naturaleza, naturaleza! —exclamó—, poderosa Ceres, misteriosa Isis, ¡cuántos secretos guardas aún para los que sepan interrogarte!

Y volviéndose hacia la puerta, dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker