La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¡Con mil diablos! ¿Pero qué papel representasteis frente a ella? —preguntó el barón algo inquieto.
Benedetto no le contestó; le apretó la mano y desapareció con rapidez, subió al coche que le esperaba y se alejó.
El barón Danglars volvió una vez más su cabeza achatada como la de la raposa para decir una palabra a Benedetto, pero este ya habÃa desparecido, entonces Danglars empezó a caminar hacia el cuarto de la baronesa, a cuya puerta halló a Pastrini, a quien se dirigió diciéndole:
— ¿Ya anunciasteis mi visita?
—Perdón excelentÃsimo, pero, para yo tener el honor de anunciar vuestra visita, debÃa primero saber a quién...
— ¿Cómo?
— ¿Creo que V. E. busca a mi huésped? ¿No es as�, al joven Serviéres...
— ¿Estáis loco, maestro? El nombre de Serviéres debe pertenecer a una dama, pues yo conozco bien a esa familia y sé que no hay ningún descendiente varón de ella. Bien, pues a esa dama es a la que busco aquÃ.
Pastrini movió la cabeza.
