La Reina Margot
La Reina Margot —¿No pronunciarás su nombre delante de él?
—No, os lo prometo.
—Lerac de La Mole.
—Y ahora, dime qué te parece.
—¿Quién, el señor de La Mole?
—No, el señor Coconnas.
—A fe mÃa —dijo Margarita—, confieso que me parece…
Y se detuvo.
—Vamos, vamos —dijo la duquesa—. Ya veo que le guardas rencor por las heridas que le hizo a tu hugonote.
—Pero me parece —dijo riendo Margarita— que mi hugonote no le debe nada, porque el tajo con que le ha subrayado el ojo…
—Están en paz entonces y podemos reconciliarlos. EnvÃame a tu herido.
—No, aún no, más tarde.
—¿Cuándo?
—Cuando le hayas dado al tuyo otra habitación.
—¿Cuál?
Margarita miró a su amiga, que, después de un momento de silencio, la miró también y se echó a reÃr.
—¡Asà será! —dijo la duquesa—. ¿Quedamos entonces más unidas que nunca?
—Amistad sincera, siempre —respondió la reina.