La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ah! ¡Esta argolla de hierro! ¡La arrancaré, y desgraciado el que se me acerque!

Coconnas se levantó de un salto, agarró la argolla y la sacudió de tal manera que era de creer que no resistiría otras dos sacudidas de semejante violencia. Pero de repente se abrió la puerta y la celda se iluminó al resplandor de dos antorchas.

—Venid, caballero —dijo la misma voz gangosa que tan desagradable le había parecido antes y que no porque ahora sonase tres pisos más abajo había adquirido el encanto que le faltaba—. Venid, señor, el tribunal os espera.

—Bueno —dijo Coconnas soltando la argolla—, voy a escuchar mi sentencia, ¿no es cierto?

—Sí, señor.

—¡Oh! Respiro; vayamos —dijo.

Y siguió al alguacil, que marchaba delante con paso acompasado y llevando en la mano su negra vara.

A pesar de la satisfacción que había demostrado en un principio, Coconnas lanzaba al andar una mirada inquieta a derecha a izquierda, hacia delante y hacia atrás.

—¡Oh! ¡Oh! —murmuró—. No veo a mi digno carcelero; confieso que me extraña que no esté aquí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker