Las dos Dianas
Las dos Dianas
falta del descontento de los protestantes, contaba Gabriel con otro recurso probable de venganza: la ambición del duque de Guisa.
Al día siguiente, a las diez de la mañana, acudía exacto a la cita que Francisco de Lorena le había dado en el palacio de las Tournelles.
Como se le esperaba, el joven conde de Montgomery fue conducido, en cuanto llegó, a presencia del que, merced a su audacia temeraria, era llamado entonces el conquistador de Calais.
El Acuchillado salió a recibir a Gabriel; le estrechó efusivamente la mano diciéndole:
—¡Gracias a Dios que os veo aquí, olvidadizo amigo! Me habéis obligado a buscaros, a perseguiros en vuestro escondite; y si así no lo hubiese hecho, sabe Dios cuándo os hubiera vuelto a ver. ¿A qué es debido eso? ¿Por qué motivo no habéis venido a verme desde que regresé a París?
—Monseñor —contestó Gabriel— dolorosas preocupaciones…
