Las dos Dianas

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Capítulo XXIX

A falta del descontento de los protestantes, contaba Gabriel con otro recurso probable de venganza: la ambición del duque de Guisa.

Al día siguiente, a las diez de la mañana, acudía exacto a la cita que Francisco de Lorena le había dado en el palacio de las Tournelles.

Como se le esperaba, el joven conde de Montgomery fue conducido, en cuanto llegó, a presencia del que, merced a su audacia temeraria, era llamado entonces el conquistador de Calais.

El Acuchillado salió a recibir a Gabriel; le estrechó efusivamente la mano diciéndole:

—¡Gracias a Dios que os veo aquí, olvidadizo amigo! Me habéis obligado a buscaros, a perseguiros en vuestro escondite; y si así no lo hubiese hecho, sabe Dios cuándo os hubiera vuelto a ver. ¿A qué es debido eso? ¿Por qué motivo no habéis venido a verme desde que regresé a París?

—Monseñor —contestó Gabriel— dolorosas preocupaciones…


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