Las dos Dianas
Las dos Dianas —Esperad, señora. Debo de tener por ahÃ, no sé dónde, mi horóscopo, que fue hecho el año pasado. ¿Recordáis lo que presagia?
—SÃ, pero muy vagamente, señor.
—Yo os lo diré: según ese horóscopo, debo morir en duelo, y a fe que serÃa suceso extraño y nunca visto que un rey muriese asÃ. Pero es el caso que un duelo, en mi humilde opinión, no es la imagen de Marte, sino Marte en persona, por decirlo asÃ.
—¿Y qué inferÃs de ello, señor?
—Infiero que, toda vez que me hallo entre predicciones contradictorias, lo cuerdo y lo acertado es no hacer el menor caso de ninguna de ellas. Bien veis, señora, que son unas señoras embusteras que se desmienten bonitamente unas a otras.
—¿Y vuestra majestad saldrá en estos dÃas del Louvre?
—En cualquiera otra circunstancia, serÃa para mà una felicidad complaceros permaneciendo a vuestro lado; pero he prometido y anunciado oficialmente que asistirÃa a los festejos, y no tengo más remedio que asistir.
—Prometedme al menos, señor, que no os presentaréis en el palenque.