Las dos Dianas
Las dos Dianas la augusta frente del rey;
y bien cuernos, bien heridas,
señor, de poner habréis
lo mismo en justas que amores
sobre la frente del rey,
que aunque vasallo leal,
el Sino os puso por ley
lo mismo en justas que amores
herir la frente del rey.
Y yo, señor, os predigo,
que, aunque ahora su amor tenéis,
después os dará la muerte
la hermosa dama del rey.
—¡Muy bien! —exclamó Gabriel—. Ahora, querida AloÃsa puedes contarme cómo Enrique II sepultó en vida al conde de Montgomery mi padre.
—¡El rey Enrique II!… ¿Cómo sabéis vos, monseñor…?
—Lo adivino. Puedes revelarme el crimen, puesto que Dios me anunció la venganza.