Las dos Dianas
Las dos Dianas
ÚN había, a pesar de todo, alguna esperanza para Diana y Gabriel, puesto que, aunque gravísimamente herido, el duque de Guisa respiraba todavía. Es sabido que los perseguidos por la desgracia se aterran con tanta avidez a un hilo de esperanza como los náufragos a cualquier leño u objeto flotante.
El vizconde de Exmés se despidió de Diana para ir a cerciorarse por sí mismo del alcance del nuevo golpe que acababa de herirles en el preciso momento en que su aciaga suerte parecía mitigar sus rigores.
Juan Peuquoy, que le acompañó, le refirió por el camino lo que había pasado.
