Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros SENTENCIA
La noche estaba tempestuosa y sombrÃa; gruesas nubes bogaban por el firmamento, velando la luz de las estrellas.
Hasta la medianoche no debÃa levantarse la luna.
De tiempo en tiempo, y a la luz de un relámpago que brillaba en el horizonte, el pequeño escuadrón descubrÃa el camino, que se extendÃa blanco y solitario; luego todo volvÃa a quedar en tinieblas.
Athos llamaba a cada instante a D’Artagnan, que se anticipaba continuamente a los suyos, y le obligaba a tomar nuevamente su sitio en las filas; pero todo en vano, el mancebo volvÃa a separarse de ellas inmediatamente, arrastrado por su único pensamiento, el de avanzar a todo trance.
El pequeño escuadrón pasó silencioso por Festubert, donde quedara el criado herido, luego siguió a lo largo del bosque de Richebourg, y cuando hubo llegado a Herlier, Planchet tomó hacia la izquierda.
Una y otra vez, lord Winter, Porthos y Aramis habÃan interrogado al hombre de la capa roja, pero sin obtener más resultado que una inclinación de cabeza por toda respuesta. Aramis, Porthos y lord Winter comprendieron, pues, que si el incógnito no hablaba, sus razones tendrÃa para ello, y dejaron de dirigirle la palabra.
