Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros EN EL QUE EL CANCILLER MAYOR SÉGUIER BUSCA UNA Y OTRA VEZ LA CAMPANA PARA TAÑERLA, COMO HACÍA EN OTRO TIEMPO
Es imposible hacerse una idea de la impresión que estas pocas palabras causaran en Luis XIII; este enrojecía y palidecía sucesivamente. Richelieu vio enseguida que de un solo golpe había reconquistado todo el terreno perdido.
—¡M. de Buckingham en París! —exclamó el rey—. ¿Y qué viene a hacer aquí?
—Probablemente, viene para conspirar con vuestros enemigos los hugonotes y los españoles.
—¡No, pardiez!, sino a conspirar contra mi honra con mm. de Chevreuse, mm. de Longueville y los Condé.
—¡Oh!, señor, ¡qué pensamientos se os ocurren! La reina es demasiado casta y sobre todo ama demasiado a vuestra majestad…
—La mujer es débil, m. cardenal —interrumpió el monarca—; y en cuanto a si me ama o no me ama, tengo yo formada mi opinión sobre el particular.
—No por eso dejo de sostener que al duque de Buckingham le ha traído a París un fin político —repuso el cardenal.
—Pues yo estoy seguro de que le han traído acá otros fines, m. cardenal; pero si la reina es culpable, ¡ay de ella!
