Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros EN BUSCA DEL EQUIPO
Aunque, como guardia, a D’Artagnan le fuese mucho más fácil equiparse que a los mosqueteros, que eran señores, fue el que más se preocupó de los cuatro amigos; pues, como el lector ya habrá podido ver, nuestro cadete de Gascuña era previsor y casi avaro, y, no obstante, y por una aberración inexplicable, tan presumido como Porthos, si no más. A la preocupación de su vanidad, D’Artagnan unÃa ahora una inquietud menos egoÃsta. ¿Qué habÃa sido de mm. Bonacieux? Por mucho que se esforzó en averiguarlo, el mozo no pudo sacar nada en limpio. Tréville habÃa hablado del asunto a la reina; pero como esta ignoraba el paradero de la mercera, se redujo a prometer que la harÃa buscar. A pesar de ello, la promesa de su majestad era muy vaga y no bastó para tranquilizar a D’Artagnan.
Athos, resuelto a no dar un paso para equiparse, no se movÃa de su casa, y cuando iban a verle sus amigos, les decÃa:
