Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros EL VINO DE ANJOU
A las casi desesperadas noticias que se tenían del rey sucedieron otras más favorables; por todo el campamento empezó a circular la nueva de que Luis XIII había entrado en convalecencia, y que, anheloso de tomar parte personal en el sitio, en cuanto pudiese montar a caballo saldría para La Rochelle.
Entretanto, el duque de Orléans, que sabía que de un día al otro iba a ser reemplazado en su jefatura por el duque de Angoulême, Bassompierre o Schomberg, que se disputaban el mando, perdía el tiempo en tanteos, y no se atrevía a emprender un ataque formal para arrojar a los ingleses de la isla de Ré, en la que proseguían el sitio de la ciudadela de Saint-Martin y del fortín de La Prée, mientras los franceses, por su parte, continuaban el de La Rochelle.
Como ya hemos manifestado, D’Artagnan estaba más sereno, que es lo que siempre sucede luego que ha pasado el peligro, y mayormente cuando el peligro parece haber desaparecido del todo; y si alguna inquietud le quedaba, esta se debía a no tener noticias de Athos, Porthos y Aramis.
Pero cierta mañana de las primeras de noviembre recibió el mozo una carta fechada en Villeroi, que le explicó las causas del silencio de sus amigos.
Decía la carta:
M. D’Artagnan:
