Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Pero ¿si a pesar de tantas razones el duque no se rinde y continúa amenazando a Francia? —repuso aquella a quien el cardenal acababa de dirigir tan lisonjero cumplido.
—El duque está enamorado como un loco, o más bien como un necio —repuso Richelieu con honda amargura—; como los antiguos paladines, no ha emprendido esta guerra más que para obtener una mirada de su amada. Cuando sepa que esta guerra puede costar la honra y quizá la libertad a la dama de sus pensamientos, según él dice, os respondo que mirará mucho lo que hace.
—A pesar de ello, ¿y si persiste? —dijo milady con insistencia demostrativa de que se proponÃa ver claro hasta lo más recóndito de la comisión que iban a encargarle.
—Si persiste… pero no, no es probable —contestó el cardenal.
—Pero es posible —dijo milady.
—Si persiste…
Aquà su eminencia hizo una pausa; luego profirió:
—Pues bien, si persiste, lo dejaré todo al azar de uno de esos acontecimientos que cambian la faz de los Estados.