Napoleon
Napoleon NAPOLEÓN EN SANTA ELENA
NAPOLEÓN pasó aquella noche en una especie de mesón, donde se encontró muy incómodo. A las seis de la mañana del día siguiente partió a caballo con el gran mariscal Bertrand y el almirante Keith para Longwood, a una casa que este último había alquilado para su residencia, como la más conveniente de la isla. De camino el Emperador se detuvo en un pequeño pabellón dependiente de una casa de campo que pertenecía a un negociante de la isla llamado Balcombe. Sería su morada temporal hasta que Longwood no se hallara en estado de poder habitarse. Había estado tan mal el día anterior, que aunque el pequeño pabellón estaba casi desmantelado, no quiso volver a la ciudad.
Por la noche, cuando fue a acostarse, se fijó en que había una ventana sin cristal ni cortina en la cabecera de su cama. Las Cases y su hijo la taparon como pudieron y subieron a un desván donde cada cual se tendió en un colchón; los criados, envueltos en sus capas, durmieron en el suelo atravesados en la puerta.
Al otro día, Napoleón almorzó, sin mantel ni servilletas, las sobras de la comida de la víspera.
Todo esto no era más que el preludio de la miseria y las privaciones que le esperaban en Longwood.
