Napoleon
Napoleon En cuanto a la alta servidumbre, todo se arregló poco más o menos como en la isla de Elba: el gran mariscal Bertrand conservó el mando y la vigilancia general, M. de Montholón quedó encargado de los detalles domésticos, el general Gourgaud de la caballería y Las Cases de la administración interior.
La división del día era casi la misma que en Briars. A las diez, el emperador almorzaba en su cuarto en un velador, mientras que el gran mariscal y sus compañeros lo hacían en una mesa de servicio, teniendo la derecho de convidar a quien quisiesen. No había hora fija para el paseo, pues durante el día hacía mucho calor y de noche no era menos grande la humedad. Además como tampoco llegaban los caballos de tiro y de silla que habían pedido, el Emperador trabajaba una parte del día, ya con Las Cases, o ya con los generales Gourgaud o Montholon. De ocho a nueve comía deprisa, porque el comedor había conservado un olor de pintura que le era insoportable y luego se pasaba al salón, donde estaban preparados los postres. Allí leía obras de Racine, Molière o Voltaire, echando cada vez más de menos a Corneille. Por fin, a las diez se sentaba a una mesa de reversis, juego predilecto del Emperador, y así pasaban hasta la una de la madrugada.