Napoleon
Napoleon El recién llegado era corso, es decir, proveniente de un paÃs que aún en nuestros dÃas sigue luchando contra la civilización con tal energÃa, que ha conservado su carácter a falta de su independencia. El nuevo escolar no hablaba más que el idioma materno de su isla; tenÃa el color moreno propio del hombre meridional, los ojos sombrÃos, de mirada penetrante; y esto era más que suficiente para excitar la curiosidad de sus compañeros, agravando la rudeza natural del niño, pues la curiosidad infantil es burlona y sin piedad. Un profesor llamado Dupuis, compadeciéndose del aislamiento de la pobre criatura, se encargó él mismo de darle lecciones particulares de francés y, tan solo tres meses después, el discÃpulo estaba ya lo bastante adelantado como para emprender los primeros pasos en latÃn. Sin embargo, muy pronto se manifestarÃa en el joven Buonaparte su pertinaz repugnancia por las lenguas muertas que siempre conservarÃa; mientras que, por el contrario, su aptitud para las matemáticas resaltó notablemente desde las primeras lecciones, dando como resultado que, por uno de esos pactos tan frecuentes en el colegio, él resolvÃa la solución de los problemas que sus compañeros debÃan hacer, y estos, en cambio, le dejaban sus apuntes en aquellas materias en las que él no querÃa hacer nada.