El suicidio
El suicidio En este caso no puede invocarse la ley de la herencia que sostiene que, en determinadas circunstancias, el carácter heredado aparece en los descendientes aproximadamente a la misma edad que en los padres ya que, a partir de los diez o quince años, el suicidio se manifiesta a todas las edades sin distinción. Lo que tiene de característico no es que surja en un momento determinado de la vida, es que progresa sin interrupción de edad en edad. Esta progresión continua demuestra que la causa de la que depende evoluciona a medida que el hombre envejece. La herencia no evoluciona, se activa en el momento de la fecundación. ¿Puede decirse que la tendencia al suicidio existe en estado latente desde el nacimiento aunque no se active más que bajo la acción de otra fuerza de aparición tardía y de evolución progresiva? Eso sería reconocer que la influencia hereditaria es, todo lo más, una predisposición general e indeterminada, pues si precisa del concurso de otro factor y sólo se manifiesta cuando aquel existe y en la medida que existe, ese factor será su verdadera causa. El hecho de que el suicidio varíe según la edad demuestra que un estado orgánico-psíquico no puede ser su causa determinante. Todo lo que se refiere al organismo está sometido al ritmo de la vida y pasa sucesivamente por una fase de crecimiento, otra estacionaria y otra de regresión. No hay carácter biológico o psicológico que progrese sin límites, sino que todos decaen tras haber llegado a su apogeo. En cambio el suicidio sólo alcanza su punto culminante en los estrechos límites de la carrera humana. El retroceso que se comprueba con bastante frecuencia hacia los ochenta años, además de ser ligero, no es general sino muy relativo, puesto que los nonagenarios se matan igual o más que los sexagenarios y superan en mucho a los hombres en plena madurez. ¿No cabe deducir de lo anterior que las variaciones en el suicidio no pueden deberse a un impulso congénito e inmutable sino al efecto progresivo de la vida social? Aparece antes o después, dependiendo de la edad a la que los hombres comienzan su vida en sociedad, y crece a medida que la viven más intensamente.