El suicidio
El suicidio Cuando se pregunta cómo influye la imitación sobre la tasa de suicidios, empleamos la palabra en la acepción que acabamos de expresar[107]. Si no determinamos previamente su sentido, nos exponemos a tomar una expresión puramente verbal por una explicación. En efecto, cuando se dice de una manera de obrar o de pensar que constituye un acto imitativo, se entiende que es la imitación la que lo caracteriza, y de ahí que se crea haberlo dicho todo tras pronunciar esta palabra prodigiosa. Sin embargo, no existe esta propiedad más que en los casos de reproducción automática. En ese caso puede constituir una explicación satisfactoria[108], pues todo lo que sucede es producto del contagio imitativo. Pero cuando seguimos una costumbre, cuando nos conformamos con una práctica moral, hay que buscar las razones de nuestra docilidad en la naturaleza de esta práctica, en los caracteres propios de esta costumbre, en los sentimientos que nos inspiran. Y así, cuando a propósito de este tipo de actos se habla de imitación, no se nos da a entender nada, sólo se nos muestra que el hecho que reproducimos no es nuevo, pero sin explicarnos de ninguna manera por qué se produce, ni por qué lo reproducimos. Y mucho menos puede esta palabra reemplazar el análisis del proceso complejo del que resultan los sentimientos colectivos, de los que no hemos podido dar en otro lugar más que explicaciones aproximadas[109]. Y véase cómo el empleo impropio de este término puede hacer creer que se han resuelto los problemas o se ha avanzado en su resolución, cuando lo único que hace el sujeto es ocultárselos a sí mismo.