El suicidio
El suicidio Resumiendo, si bien es cierto que el suicidio es contagioso entre individuos, la imitación no se propaga de modo que influya sobre la tasa social de aquel. Puede dar lugar a casos individuales más o menos numerosos, pero no contribuye a determinar la inclinación desigual que arrastra a la muerte voluntaria en las diferentes sociedades, o a grupos sociales concretos en su seno. Es un foco pequeño e intermitente. Si alcanza cierta intensidad siempre es por muy poco tiempo.
Existe una razón más general que explica por qué no apreciamos los efectos de la imitación en las estadísticas. Y es que, en sí misma, la imitación no influye sobre el suicidio. En adultos, salvo en los raros casos de monoideísmo más o menos absoluto, el registro de un suicidio no basta para engendrar un acto similar, a no ser que afecte a un sujeto especialmente inclinado a él ya de por sí. Morel afirma que «la imitación, por poderosa que sea su influencia directa o la impresión causada por el relato o la lectura de un crimen excepcional, no basta para engendrar actos semejantes en individuos que sean perfectamente sanos de espíritu»[119]. Lo mismo constata el doctor Paul Moreau de Tours a partir de sus observaciones personales: que el suicidio se contagia sólo a los individuos fuertemente predispuestos[120].
