El suicidio
El suicidio Vemos cómo en todas partes, sin excepción[128], los protestantes se suicidan más que los fieles de otros cultos. La diferencia oscila entre un mÃnimo de un 20 a 30 por cien y un máximo de 300 por cien. Ante semejante concordancia resulta innecesario invocar, como hace Mayr[129], el caso único de Noruega y Suecia que, aunque protestantes, se mantienen en la tasa media de suicidios. En primer lugar, como hacÃamos notar al principio de este capÃtulo, las comparaciones internacionales no tienen valor demostrativo, a menos que se refieran a pocos paÃses, y, aun en ese caso, no son concluyentes. Las diferencias entre las poblaciones de las provincias escandinavas y las de Europa central son demasiado acusadas como para que podamos admitir que el protestantismo no produce exactamente los mismos efectos en unas y otras. Además, si en sà misma la cifra de los suicidios no es muy considerable en estos dos paÃses, parece relativamente elevada teniendo en cuenta el modesto rango que ocupan entre los pueblos civilizados de Europa. No hay razón para creer que hayan alcanzado un nivel intelectual superior al de Italia donde, sin embargo, se suicidan dos o tres veces más (de 90 a 100 suicidios por millón de habitantes, en lugar de 40). ¿No será el protestantismo la causa de esta agravación relativa? AsÃ, estos datos no sólo no contradicen la teorÃa que acabamos de formular a partir de un gran número de observaciones, sino que más bien tienden a confirmarla[130].