El suicidio
El suicidio Ya enunciamos y demostramos lo anterior en un artículo de la Revue Philosophique, publicado en noviembre de 1888. Pero la insuficiencia de los datos estadísticos de los que disponíamos entonces no nos permitió hacer la prueba con todo el rigor que hubiéramos deseado. En efecto, ignorábamos cuál era la media real de los hogares con familia, tanto en Francia en general, como en cada departamento. Supusimos que la densidad familiar dependía únicamente del número de hijos, y hubimos de estimar este número de manera indirecta, ya que no aparecía en el censo, sirviéndonos de lo que se llama en demografía el aumento fisiológico, es decir, el excedente anual de nacimientos sobre cada mil defunciones. Esta sustitución tenía su razón de ser, pues allí donde el aumento es elevado, las familias, en general, no pueden dejar de ser densas. Sin embargo, no siempre es una consecuencia necesaria. Donde los hijos acostumbran a dejar pronto a sus padres, ya sea para emigrar, para establecerse por su cuenta o por cualquier otra razón, la densidad de la familia no guarda relación con su número. La casa puede estar desierta por muy fecundo que haya sido el hogar. Esto es lo que ocurre en los medios cultos, donde se manda al hijo fuera muy joven para completar su educación, y en las regiones miserables en las que es necesaria una dispersión prematura por las dificultades de la existencia. Y al revés, a pesar de una natalidad mediocre, la familia puede comprender un número suficiente y aún elevado de elementos, si los solteros adultos o los hijos casados continúan viviendo con sus padres en una única comunidad doméstica. Por todas estas razones no se puede medir con exactitud la densidad relativa de los grupos familiares más que sabiendo cuál es su composición real.