El suicidio
El suicidio Ocurre, en efecto, que la densidad de un grupo no puede descender sin que su vitalidad disminuya. Si los sentimientos colectivos tienen una energÃa particular es porque la fuerza con la que los experimenta cada conciencia individual se refleja en todas las demás y viceversa. La intensidad que alcanzan depende del número de conciencias que los sienten en común. De ahà que, que cuanto mayor es una muchedumbre, más susceptibles de degenerar en violencia son las pasiones que se desencadenan en su seno. Por consiguiente, en el seno de una familia poco numerosa los sentimientos, los recuerdos comunes, no pueden ser muy intensos, porque no hay bastantes conciencias para representárselos y reforzarlos participando de ellos. No podrÃan formarse esas fuertes tradiciones que sirven de nexo de unión entre los miembros de un mismo grupo más que sobreviviéndoles y uniendo a las generaciones sucesivas entre sÃ. Por otra parte, las familias pequeñas son necesariamente efÃmeras, y sin duración no hay comunidad trabada. En este caso, los estados colectivos son débiles y no pueden ser numerosos, pues su número depende de la actividad de intercambio de visiones e impresiones que circulan de un sujeto a otro; un intercambio tanto más rápido cuantas más son las personas que participan en él. En una comunidad lo suficientemente densa la circulación no se interrumpe, porque siempre hay unidades sociales en contacto. Pero, si estas disminuyen las relaciones sólo pueden ser intermitentes y hay momentos en los que se suspende la vida común. Cuando la familia es poco extensa siempre hay pocos parientes juntos; la vida doméstica languidece y llega un momento en que el hogar se queda desierto.