El suicidio
El suicidio Sin embargo, si las sociedades inferiores son por excelencia terreno abonado para el suicidio altruista, también encontramos ejemplos en las civilizaciones más recientes. Pensemos sobre todo en la muerte de cierto número de mártires cristianos. Todos esos neófitos que, si no se mataban por sí mismos se dejaban matar voluntariamente, no son más que suicidas. Si no se daban muerte a sí mismos, la buscaban con todas sus fuerzas y se conducían de modo que fuera inevitable. Pues, para que haya suicidio, basta con que el acto del que necesariamente debe resultar la muerte haya sido llevado a cabo por la víctima con conocimiento de causa. Por otra parte, la pasión entusiasta con la que los fieles iban al encuentro del último suplicio muestra cómo, en ese momento, se habían desprovisto completamente de su personalidad para encarnar la idea a la que servían. Es probable que las epidemias de suicidios que frecuentemente asolaban los monasterios durante la Edad Media se debieran al exceso de fervor religioso y fueran de la misma naturaleza[230].