El suicidio
El suicidio Ningún ser vivo puede vivir, mucho menos vivir feliz, si no tiene los medios necesarios para cubrir sus necesidades. Si se le exige más de lo que puede conceder siempre estará a disgusto y no dejará de sentir dolor. Ahora bien, un movimiento que no puede producirse sin sufrimiento tiende a no reproducirse. Las tendencias que no se satisfacen se atrofian y como la tendencia a vivir no es más que el resultado de todas las demás, tiene que debilitarse si lo hacen las otras.
En los animales, al menos en su condición normal, este equilibrio se establece con una espontaneidad automática, porque depende de condiciones puramente materiales. Lo único que reclama el organismo es que ciertas cantidades de sustancia y de energía, necesarias para la vida, sean reemplazadas periódicamente por cantidades equivalentes, de manera que el consumo sea igual al desgaste. Cuando el vacío se colma, el animal se encuentra satisfecho y no pide nada más. Su intelecto no está lo suficientemente desarrollado como para imaginar otros fines que los implícitos en su naturaleza física. Por otra parte, como la función de cada órgano depende del estado general de las fuerzas vitales y de las necesidades de equilibrio orgánico, el desgaste, a su vez, se regula a partir del consumo y la balanza se equilibra por sí misma. Los límites del uno son también los del otro: están igualmente inscritos en la constitución misma del ser vivo, que no puede anularlos.
