El suicidio
El suicidio Apliquemos estas ideas a la cuestión del suicidio. Intentaremos dar mayor precisión a la solución que propusimos al principio de este capítulo.
No hay idea moral que no mezcle en proporciones variables, según las sociedades, el egoísmo, el altruismo y cierta anomia. Porque la vida social supone que el individuo tiene cierta personalidad que está dispuesto a abandonar si la comunidad lo exige; está abierto, en cierta medida, a la idea de progreso. Por eso no hay pueblo donde no coexistan esas tres corrientes de opinión que inclinan al hombre en tres direcciones diferentes y hasta contradictorias. Donde se compensan, el agente moral está en un estado de equilibrio que le guarece de toda idea de suicidio. Pero si una de estas corrientes sobrepasa cierta intensidad y se impone en detrimento de las otras, al individualizarse, se vuelve suicidógena.
