El suicidio
El suicidio Se han formulado tres argumentos para establecer el vínculo psicológico entre los dos fenómenos.
En primer lugar está la similar influencia que ejerce el sexo sobre el suicidio y el homicidio. En realidad, la influencia del sexo resulta mucho más de causas sociales que de causas orgánicas. La mujer no se suicida menos que el hombre porque sea fisiológicamente diferente, sino porque no participa del mismo modo en la vida colectiva. Pero, además, es preciso que la mujer evite, en la misma medida, ambas formas de inmoralidad. Se olvida, en efecto, que hay delitos que son monopolio de las mujeres, como los infanticidios, los abortos y los envenenamientos. Siempre que tienen la oportunidad de cometer un homicidio, lo cometen con tanta o mayor frecuencia que el hombre. Según Oettingen[337], le son imputables la mitad de los asesinatos domésticos. Nada autoriza a suponer que sientan, en virtud de su constitución congénita, un respeto mayor por la existencia ajena. Lo que ocurre es que tienen menos ocasiones porque están menos presentes en la vida pública. Las causas que impulsan a cometer delitos de sangre influyen menos sobre la mujer que sobre el hombre, porque aquella se mantiene fuera de su esfera de influencia. Por esta misma razón está menos expuesta a las muertes accidentales; de cada 100 defunciones de este último género, sólo 20 son femeninas.
