El suicidio
El suicidio En definitiva, asà como el suicidio no surge de las dificultades que el hombre encuentra en la vida, la forma de detenerlo no consiste en hacer la lucha menos ardua y la existencia más fácil. Si la gente se mata hoy más que en otros tiempos no es porque precisemos de esfuerzos más dolorosos, ni porque nuestras necesidades legÃtimas estén menos satisfechas; es que ya no sabemos qué necesidades son legÃtimas y no percibimos el sentido de nuestros esfuerzos. Sin duda la competitividad aumenta cada dÃa, porque la mejora de las comunicaciones pone en liza a un número creciente de competidores. Pero, por otro lado, una mejor división del trabajo y un aumento de la cooperación multiplican hasta el infinito los empleos en los que el hombre puede ser útil a los demás e incrementan los medios de vida poniéndolos al alcance de una mayor variedad de sujetos. Hasta las aptitudes inferiores tienen su lugar adecuado. Al mismo tiempo, la producción más intensa que resulta de esta cooperación, al aumentar el capital de recursos de la humanidad, garantiza a cada trabajador una remuneración más alta, manteniendo el equilibrio entre un mayor desgaste de las fuerzas vitales y su recuperación. Lo cierto es que, en todos los grados de la jerarquÃa social, ha aumentado el bienestar medio, aunque ese aumento no siempre se haya distribuido equitativamente. El malestar que sufrimos no se debe a que las causas objetivas del sufrimiento hayan aumentado en número o intensidad. Da fe no sólo del incremento de la miseria económica, sino asimismo de una alarmante miseria moral.
