El Matadero
El Matadero En dos por tres estuvo desollado, descuartizado y colgado en la carreta el maldito toro. Matasiete colocó el matahambre bajo el pellón de su recado y se preparaba a partir. La matanza estaba concluida a las doce, y la poca chusma que habÃa presenciado hasta el fin se retiraba en grupos de a pie y de a caballo, o tirando a la cincha algunas carretas cargadas de carne.
Mas de repente la ronca voz de un carnicero gritó:
–¡Allà viene un unitario! –y al oÃr tan significativa palabra toda aquella chusma se detuvo como herida de una impresión subitánea.
–¿No le ven la patilla en forma de U? No trae divisa en el fraque ni luto en el sombrero.
–Perro unitario.
–Es un cajetilla.
–Monta en silla como los gringos.
–La mazorca con él.
–¡La tijera!
–Es preciso sobarlo.
–Trae pistoleras por pintar.
–Todos esos cajetillas unitarios son pintores como el diablo.
–¿A que no te le animas, Matasiete?
–¿A qué no?
–A que sÃ.