El Matadero
El Matadero «Nuestros sabios, señores, han estudiado mucho pero yo busco en vano un sistema filosófico, parto de la razón argentina y no la encuentro; busco una literatura original, expresión brillante y animada de nuestra vida social, y no la encuentro» expresa Echeverría en su primera Lectura en el Salón Literario. El contexto cultural no presentaba hasta 1830 otra posibilidad que el Neoclasicismo de los poetas de Mayo. Los ecos de su poesía patriótica persistirán casi como un recuerdo de las gestas revolucionarias. En lo cultural, especialmente, todo está por hacerse. Aunque no se han publicado libros de poemas, la poesía se ha difundido y se continúa difundiendo en publicaciones periódicas. Los modelos neoclásicos españoles son una marca que los recorre como una herencia virreinal que poco se cuestiona. La necesidad de un cambio se convertía en una exigencia que Echeverría no sólo interpreta: también elaborará una respuesta. Si bien se apoyó en los modelos europeos del Romanticismo, su actitud, como la de los intelectuales de su generación, significó un salto cualitativo en la búsqueda de una literatura y las bases de una cultura nacional. La renovación literaria comenzó a gravitar con Los consuelos (1834), el primer libro de poemas firmado con su nombre y el primero publicado por un poeta argentino y culminará con La cautiva que, con otros poemas, conforma el volumen de Rimas, aparecido en 1837. La crítica de la época celebra unánimemente en esta obra la intención consciente de incorporar el “color local”, la naturaleza americana a la poesía. Una propuesta, en realidad, en torno al lenguaje y la literatura que impugnaba los modelos neoclásicos españoles y instituía la afirmación de un decir nuevo. Con El matadero –a pesar del desconocimiento de los motivos de por qué no lo publicó en vida y de las encontradas opiniones con respecto a su género– Echeverría añade a este momento fundacional de las letras argentinas, la apertura hacia una línea narrativa realista y crítica.
