Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos El árabe volvió a disparar, pero el movimiento del barco arriba y abajo le estropeó la puntería y falló en el momento en que Tarzán se abalanzó sobre él.
El impacto del cuerpo del hombre mono hizo caer hacia atrás a Abdullah, que estaba en la escalerilla, y ambos hombres se estrellaron pesadamente en la cubierta, el árabe debajo: una masa inerte, aturdida.
Los dos marineros a los que el capitán Bolton había enviado al puente llegaron a cubierta justo a tiempo de ver lo que había ocurrido; ambos se acercaron corriendo, esperando encontrar un par de hombres inconscientes y llenos de fracturas, pero solo había uno en tal estado.
Tarzán se puso en pie de un salto, pero Abdullah Abu Néjm se quedó tendido donde había caído.
—Que uno de sus hombres vaya abajo y pida a miss Laon las llaves de las jaulas —ordenó Tarzán; luego cogió al árabe por los brazos y lo arrastró hasta la jaula en la que estaban recluidos Krause y Schmidt, y cuando llegó la llave, abrió la puerta y arrojó dentro al árabe. Si el hombre estaba vivo o muerto, Tarzán ni lo sabía ni le importaba.
