Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Los que estaban en el barco permanecieron en tensa expectativa cuando una ola elevó el Saigón por encima de un torbellino de agua que se levantó sobre el arrecife.
Cuando el mar les dejó caer con un terrible impacto sobre las desiguales rocas de coral, el ruido de la madera que se astillaba y se trituraba anunció su muerte. El barco retrocedió como ebrio hacia las aguas profundas apartadas del acantilado. Más de un corazón se detuvo un instante en aquel tenso momento; si retrocedÃa hasta el mar se perderÃan muchos, y ahora no cabÃa duda de que estaba deslizándose.
—Percy —dijo miss Leigh al coronel (siempre le llamaba Percy cuando se sentÃa blanda)—, Percy, si a veces he sido pesada, espero que me perdones ahora que vamos a enfrentarnos con nuestro creador.
—¡Caray! —gruñó el coronel—. Todo es culpa mÃa; jamás deberÃa haber leÃdo esa historia de Beebe.
Cuando el Saigón se deslizó hacia atrás hasta el agua profunda, una ola que siguió, más grande que la que la habÃa precedido, levantó el barco de nuevo y lo dejó caer pesadamente sobre el arrecife. Esta vez se quedó encallado con firmeza, y cuando la ola retrocedió, se quedó quieta, con la cubierta casi a ras del agua.
