Una princesa de Marte
Una princesa de Marte 
En la cueva de Arizona
Estaba oscuro cuando volví a abrir los ojos. Mi cuerpo estaba extrañamente vestido, con vestimentas que se rasgaron y soltaron polvo cuando adopté otra posición para sentarme.
Me sentía recuperado de pies a cabeza y de pies a cabeza estaba vestido, aunque cuando había caído inconsciente en la pequeña puerta estaba desnudo. Delante de mí había un pedazo de cielo iluminado por la luz de la luna, que aparecía a través de una abertura desigual.
Cuando mis manos palparon mi cuerpo, encontraron unos bolsillos. En uno de ellos habla una pequeña caja de fósforos envuelta en papel encerado. Prendí uno y su débil llama iluminó lo que parecía ser una cueva hacia cuya parte trasera descubrí una extraña figura, inmóvil, apoyada sobre un pequeño banco.
Cuando me acerqué, vi que eran los restos momificados de una pequeña anciana, de largo cabello negro. La cosa sobre la que estaba apoyada era un pequeño carbonero sobre el que descansaba una vasija redonda de cobre con una pequeña cantidad de polvo verdoso.
