Vida del emperador Carlomagno
Vida del emperador Carlomagno Asà pues, el mencionado hombrecillo —pues parecÃa despreciable por su estatura— consiguió en la corte de aquel Carlos amante de la ciencia, en razón de su prudencia y probidad, tal renombre que entre todos los servidores de la majestad real no habÃa casi ninguno a quien el rey más poderoso y sabio de los de entonces confiara más los secretos de su intimidad. Y en verdad no se trataba de un honor inmerecido, ya que no sólo en los tiempos del mismo Carlos, sino también —lo que es más asombroso— bajo el emperador Luis, cuando el Estado de los francos fluctuaba en medio de diversas y muchas perturbaciones y en muchos casos se mostraba decadente, con una admirable facultad de equilibrio inspirada por Dios, logró protegerse, gracias a la ayuda divina, de suerte que pudo conservar intacta, sin faltar a ella, su propia reputación, que a muchos les habÃa acarreado envidia y desgracia, y salir indemne de peligros que parecÃan irremediables.
Decimos todo esto para que nadie se atreva a poner en duda sus palabras por no saber la excepcional alabanza que debÃa a su amado protector y su preocupación por exponer a la curiosidad del lector la verdad más lÃmpida. Por mi parte, yo, Estrabón, he puesto a este opúsculo tÃtulos y divisiones, según me pareció coherente, para que quien desee consultar aspectos particulares pueda hacerlo con mayor facilidad.14