Vida del emperador Carlomagno
Vida del emperador Carlomagno Habiendo Pipino, el padre de nuestro rey Carlos, ocupado dicha magistratura que recibieran él y su hermano Carlomán de su padre y su abuelo y que compartieran en total concordia, su hermano, no se sabe por qué razones —aunque parece que llevado de su amor por la vida contemplativa—, tras abandonar la dura tarea de administrar el reino temporal, se dirigió a descansar a Roma, y allÃ, cambiando su hábito por el de monje y después de construir un monasterio en el monte Soracte, junto a la iglesia de San Silvestre, se dedicó a gozar de la deseada quietud durante algunos años, en compañÃa de los hermanos que habÃan venido junto con él a tal fin. Pero como muchos de los nobles que iban de Francia a Roma para cumplir anualmente sus promesas no querÃan dejar de presentarle sus respetos como antiguo señor, interrumpiendo con frecuentes visitas el ocio en que máximamente se deleitaba, se vio obligado a cambiar de lugar. Asà pues, al ver que la repetición de la ceremonia obstaculizaba su propósito, abandonó el monte y se retiró a la provincia de Samnio, al monasterio de San Benito, situado en la ciudadela de Cassino, y allà terminó, viviendo religiosamente, lo que le quedaba de vida temporal.3