El don de la sensibilidad
El don de la sensibilidad Las personas altamente sensibles no solo perciben más intensamente el mundo exterior, también experimentan las emociones con una profundidad singular. Esta cualidad las vuelve especialmente vulnerables durante la infancia y adolescencia, cuando no cuentan aún con recursos internos para manejar tanta intensidad emocional ni con adultos que sepan contenerlas adecuadamente. Muchas heridas profundas se originan en esos años formativos: humillaciones, rechazos, pérdidas, traiciones o incluso situaciones que para otros pasan desapercibidas, pero que para una persona sensible dejan una marca imborrable.
Estas heridas, si no se abordan, permanecen latentes. Influyen en la autoestima, en los vínculos afectivos, en la capacidad de confiar, en el modo en que se enfrentan los desafíos. Aparecen como patrones repetidos de sufrimiento, miedo al rechazo, dificultad para poner límites, excesiva autocrítica, o una constante sensación de no ser suficiente.
