El Hermano Jacob
El Hermano Jacob En cuanto al pastelero mismo, fue abriéndose camino gradualmente en los hogares de Grimworth, al igual que sus mercancías, a pesar de cierto rechazo inicial. De un modo u otro, acogerlo como invitado parecía exigir justificación, al igual que comprar sus productos. En primer lugar, era un desconocido y, por tanto, objeto de recelo; en segundo lugar, el negocio de la pastelería era tan nuevo en Grimworth que todavía no se había determinado qué puesto ocupaba en la escala social. No había duda con los pañeros y tenderos, cuando procedían de familias antiguas y buenas de Grimworth, como el señor Luff y el señor Prettyman: éstos se trataban con los Palfrey, que cultivaban sus propias tierras, jugaban con alguna frecuencia al whist con el doctor y trataban con cierta condescendencia al comerciante de maderas, que en fechas recientes había empezado a negociar también con carbón y había comprado muebles nuevos; pero la tradición no arrojaba luz alguna sobre la cuestión de si un repostero debía ser admitido en este alto nivel de respetabilidad o debía considerarse que sus iguales estaban entre los carniceros y los panaderos. Que fuera soltero obraba en su favor y quizás habría bastado para inclinar la balanza aunque las pretensiones personales de Edward Freely hubieran sido totalmente insignificantes. Sin embargo, lejos de ello, pronto resultó evidente que era un joven notable, que había visitado las Indias Occidentales y había visto muchas maravillas por mar y tierra, de manera que podía embelesar los oídos de las Desdémonas de Grimworth con historias de peces extraños, especialmente tiburones, que había apuñalado justo a tiempo tras lanzarse valientemente por la borda en el preciso momento en que el monstruo se volvía para devorar al pinche del cocinero; o las terribles fiebres que había padecido en una tierra donde el viento sopla a la vez de todos los cuadrantes; de tostadas cortadas directamente de árboles del pan; de cangrejos de tierra que arrancaban dedos de los pies; de los grandes honores que le rendían en tanto que hombre de amplios conocimientos, y por ello particularmente necesario en un clima tropical, y de una heredera criolla que había derramado amargas lágrimas por su partida. Sabemos bien que semejante talento para la conversación puede compensar algún defecto en el color de la tez; y el joven Towers, cuyas mejillas tenían un delicado tono rosado, realzado por la línea de un bigote oscuro, quedaba francamente eclipsado por la presencia del cetrino señor Freely. Tan excepcional pastelero daba realce a su negocio y bien podía acelerar el pulso de algún corazón sin compromiso.