El Hermano Jacob
El Hermano Jacob El señor Freely, cuando se quedó a solas con su afectuoso hermano Jacob, meditó sobre la posibilidad de engatusarlo, sacarlo de la ciudad a la mañana siguiente temprano y hacer que lo llevaran a Gilsbrook antes de que revelara más secretos. Pero era difícil. Advertía con claridad que, si era él quien se llevaba a Jacob, su ausencia, sumada a la desaparición del desconocido, convencería a todos de que se trataba de un pariente, o lo obligaría a tomar el peligroso rumbo de inventar una historia para explicar su desaparición y su ausencia simultáneas. David gimió. En algunas ocasiones la falsedad parece poco oportuna. Tal vez habría sido más astuto no haber contado nunca esas hábiles mentirijillas sobre sus tíos, ensalzándolos o no; porque los Palfrey eran personas simples y compartían los prejuicios populares contra la mentira. Y aunque, en esta ocasión, pudiera sacar de ahí a Jacob, ¿qué garantía tenía de que no volvería otra vez, ahora que sabía el camino? ¡Oh, guineas! ¡Oh, caramelos! ¡Qué dignos de envidia eran aquellos que nunca habían robado a su madre y nunca habían dicho mentirijillas! David pasó la noche sin dormir mientras Jacob roncaba a su lado. ¿Aquél era el resultado de viajar a las Indias y adquirir una combinación de anécdotas y experiencia?