El molino de Floss
El molino de Floss —Imagina que la hermana Glegg te pide que le devuelvas el dinero: te pondrÃa en un aprieto tener que reunir quinientas libras en este momento —dijo la señora Tulliver a su marido aquella noche, mientras efectuaba un repaso quejumbroso del dÃa.
La señora Tulliver llevaba trece años viviendo con su marido y, sin embargo, conservaba intacta la capacidad de decir cosas que lo empujaban en dirección opuesta a la que ella deseaba. Algunas personas consiguen ser siempre como el primer dÃa, de la misma manera que un anciano pececillo de colores parece conservar hasta el final la juvenil ilusión de que es posible nadar en lÃnea recta en el interior de una pecera redonda. La señora Tulliver era un pececillo afable y, tras golpearse la cabeza contra la misma superficie resistente durante trece años, aquel dÃa insistÃa con prontitud inmarcesible.
