El molino de Floss

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Capítulo VIII

—Imagina que la hermana Glegg te pide que le devuelvas el dinero: te pondría en un aprieto tener que reunir quinientas libras en este momento —dijo la señora Tulliver a su marido aquella noche, mientras efectuaba un repaso quejumbroso del día.

La señora Tulliver llevaba trece años viviendo con su marido y, sin embargo, conservaba intacta la capacidad de decir cosas que lo empujaban en dirección opuesta a la que ella deseaba. Algunas personas consiguen ser siempre como el primer día, de la misma manera que un anciano pececillo de colores parece conservar hasta el final la juvenil ilusión de que es posible nadar en línea recta en el interior de una pecera redonda. La señora Tulliver era un pececillo afable y, tras golpearse la cabeza contra la misma superficie resistente durante trece años, aquel día insistía con prontitud inmarcesible.




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