El molino de Floss
El molino de Floss El objeto asombroso que marcó así un hito para el tío Pullet no era otra cosa que la pequeña Lucy con medio lado de su cuerpo, desde el piececito a la capotita, empapado y cubierto de barro, con las dos manitas negras extendidas y expresión lastimera. Para explicar esta aparición sin precedentes en el salón de la tía Pullet, debemos remontarnos al momento en que los tres chicos salieron a jugar al jardín y los pequeños demonios que se habían apoderado del ánimo de Maggie a primeras horas del día regresaron con mayor ímpetu tras una ausencia temporal. Sentía sobre sí el peso de todos los recuerdos desagradables de la mañana cuando Tom, cuyo enfado hacia ella se había reavivado después de que le derramara tontamente el vino de prímula, dijo:
