El molino de Floss
El molino de Floss Gracias a este cambio de opinión de la señora Glegg, a la señora Pullet le resultó sorprendentemente fácil su tarea mediadora. En realidad, la señora Glegg la hizo callar bruscamente por haberse atrevido a dictar a su hermana mayor cuál era el comportamiento correcto en asuntos de familia. El argumento de la señora Pullet sobre el mal efecto que causaría en el vecindario el que la gente pudiera decir que había una pelea en la familia resultaba especialmente ofensivo. Si el buen nombre de la familia sólo estaba amenazado por la señora Glegg, la señora Pullet podía dormir tranquila.
—Supongo que nadie espera —señaló la señora Glegg, zanjando el asunto— que me presente en el molino antes de que Bessy venga a verme, o que vaya y me arrodille delante del señor Tulliver para pedirle perdón por hacerle un favor; yo no voy con mala intención y cuando el señor Tulliver me hable de modo cortés, yo le hablaré de la misma manera. Nadie tiene motivos para decirme cómo hay que comportarse.
