El molino de Floss
El molino de Floss A la mañana siguiente, los tÃos llegaron a las once para celebrar un consejo de familia. El fuego estaba encendido en el salón y la pobre señora Tulliver, con la confusa idea de que se trataba de una gran ocasión, similar a un funeral, quitó la funda a las bordas de las cintas de las campanas, soltó las cortinas y arregló adecuadamente los pliegues mientras miraba a su alrededor y meneaba tristemente la cabeza al contemplar las superficies y las patas de las mesas, tan pulidas que ni siquiera su hermana Pullet podrÃa reprocharles falta de brillo.
