El molino de Floss
El molino de Floss —¿Qué debo escribir, padre? —preguntó Tom con sombrÃa sumisión.
—Escribe que tu padre, Edward Tulliver, se puso a trabajar para John Wakem, el hombre que habÃa contribuido a su ruina, porque habÃa prometido a su esposa reparar en la medida de lo posible el daño hecho, y porque quiero morir en el lugar donde nacà y donde nació mi padre. Ponlo con las palabras adecuadas, ya sabrás cómo, y después escribe que no perdono a Wakem por todo esto y que, aunque trabajaré para él como un hombre honrado, deseo que caiga sobre él todo tipo de males. EscrÃbelo.
Se produjo un silencio sepulcral mientras la pluma de Tom se desplazaba sobre el papel: la señora Tulliver parecÃa asustada y Maggie temblaba como una hoja.
—Ahora léeme lo que has escrito —ordenó el señor Tulliver.
Tom lo leyó lentamente.
—Ahora pon que recordarás lo que Wakem ha hecho a tu padre y que, llegado el momento, harás que él y los suyos se arrepientan. Y firma con tu nombre completo, Tomas Tulliver.
—¡No, padre, querido padre! —exclamó Maggie, estremecida de miedo—. No hagas que Tom escriba eso.
—¡Calla, Maggie! —exclamó Tom—: Quiero escribirlo.